La articulación etnográfica
Sobre el nuevo libro de Rosana Guber:
“La articulación etnográfica, el libro de la antropóloga Rosana Guber (investigadora del Conicet, autora de El salvaje metropolitano y Etnografía: Método, campo y reflexividad , directora del Centro de Antropología Social del IDES) (…) se trata de una investigación acerca de una investigación, el desmantelamiento de una tesis doctoral de antropología escrita y publicada hace décadas; de tomar un rompecabezas y encontrarse con que no se trata de un rompecabezas sino de un artefacto de diferente naturaleza. De una artesanía, quizás, de un “hacer”, como dijo Renato Ortiz que decía Charles Wright Mills sobre las ciencias sociales, comparable con una labor doméstica que requiere igual conocimiento y práctica: la costura. Las mismas informaciones, los mismos datos, pueden ser cosidos de una manera y no de otra. O pueden dejarse de lado, o puede aprenderse algo nuevo sobre la marcha, cambiarse el rumbo, confirmarlo, ir a tientas, dudar, improvisar. Pero nada, o poco de esto, se lee en una tesis doctoral ya cosida. Hay que husmear también en el detritus.
Esther Hermitte fue la primera argentina titulada como antropóloga social. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Chicago, por entonces dominada por el estructural-funcionalismo. Esa tesis, dirigida por Julian Pitt-Rivers y publicada en 1970 como Poder sobrenatural y control social , es la que examina Guber. Ya no se investiga como en los 60, pero el objetivo no es tomar el trabajo de Hermitte como modelo sino como lógica a descifrar.
¿Dónde reside la unidad del proceso de conocimiento del trabajo etnográfico? No puede estar en la teoría, pues eso no explicaría las largas estadías de trabajo de campo. Tampoco puede estar en la mera recolección de informaciones extrañas sobre personas exóticas, pues entonces la etnografía se confundiría con esos relatos de viajes impresionistas y románticos. “El investigador –escribió Guber– sabe que necesita ofrecer datos de campo a riesgo de perder credibilidad y sabe, también, que esos datos los obtuvo en formas bastante ateóricas (o preteóricas), intuitivas, inesperadas y hasta casuales. Más aún: sabe que el baño de teoría es un arreglo a posteriori, un dispositivo que comienza a operar después de haber llegado, haber visto, haber hablado y escuchado no todo pero sí lo suficiente. Así, buena parte de sus esfuerzos reside en asignarle un valor teórico a la información obtenida en un proceso que tiene su propia dinámica, jalonada por procedimientos y enmarcada en situaciones que quedan alejadas de la concienzuda y minuciosa discusión conceptual”. Hay una “articulación etnográfica” específica en estas investigaciones, una manera de vincular sus segmentos y dimensiones, desde su concepción hasta su conclusión, y eso se propone hacer con la tesis doctoral de Hermitte, a quien Guber se refiere como “mi maestra”.”
Reseña completa publicada en Revista Eñe: La etnógrafa solitaria.