Manifiesto: Por una nueva imaginación social y política en América Latina

Texto completo con firmas y adhesiones originales: Manifiesto: Por una nueva imaginación social y política en América Latina

“Reconocer que los seres humanos hacemos nuestra propia historia en circunstancias que no hemos escogido implica asumir el desafío de construir y darle potencia a voces que procuren intervenir en lo que será nuestro futuro. Urge contribuir a edificar nuevas formas de la imaginación porque nuestras economías y nuestras políticas son una encarnación de las coacciones que aceptamos como límites de nuestros pensamientos y aspiraciones. Traspasar las fronteras instituidas, socavar los cimientos sobre los que se erigen las desigualdades contemporáneas, es un desafío colectivo al que deseamos contribuir.

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Hasta tanto no haya una redistribución del poder y de la imaginación social acerca de las posibilidades de acceso al poder, los enormes y sacrificados logros que nuestras sociedades puedan obtener estarán acotados y serán más vulnerables.

Así, los procesos de exclusión no podemos limitarlos a dimensiones estrictamente económicas o de derechos políticos, dado que comprendemos la sociedad a través de los anudamientos de los significados de las materialidades, las economías de los deseos, las frustraciones y las humillaciones. A nuestro juicio, las distinciones tan habituales entre las dimensiones o esferas –económica, política, social, sexual, cultural- pueden ser consideradas más o menos útiles a la hora de los análisis. Pero es muy evidente que en la vida social estas dimensiones se encuentran imbricadas. El género es también economía; el nivel de ingresos está racializado en nuestros países; la clase es una forma de vida.

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El entusiasmo que desató el llamado “giro cultural” de fines del siglo XX, habilitó el pasaje del viejo reduccionismo economicista a un festín de símbolos desustancializados de un nuevo culturalismo. Este reduccionismo a lo cultural dejó de lado la estrecha relación de la significación con la organización de la vida económica y las prácticas políticas. La esterilidad de esta desvinculación confunde una distinción analítica con una distinción ontológica. La clave del estudio de lo cultural está en la búsqueda de las conexiones e influencias de todos los factores de la vida social.

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Los lenguajes del poder son múltiples e intervienen diferencialmente. Pero lo cierto es que las lógicas del sentido común son abordadas, socavadas, enfrentadas no sólo por grandes discursos y grandes obras, sino por el arte, la música, las historias locales, por silencios, por la quietud, por miradas desviadas. Si bien las metáforas teleológicas son muy antiguas, invitan a pensar hacia adelante. Tornan inaudibles las voces de los nostálgicos, de aquellos que sienten en sus cuerpos que todo tiempo pasado fue mejor. Nosotros escogemos mirar hacia atrás pero no con el deseo de regresar. No porque creamos en alguna dura linealidad de la historia. No porque pensemos que exista algún tipo de evolución necesaria. No porque, en sus contextos, no podamos valorar los logros que muchas de nuestras sociedades han obtenido. Sino simplemente porque sabemos que la historia es cambio y que la nostalgia es sólo un modo de intervención para configurar futuros inexorablemente específicos.

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Necesitamos transformar los horizontes del debate, los límites sedimentados de los modos convencionales de conceptualizar y articular lo social a una nueva imaginación política y social radicalmente contextual de América Latina. Necesitamos confluir y enredarnos con todos aquellos que desde las movilizaciones sociales y las organizaciones políticas, las instituciones universitarias y las diversas formas de producción de conocimiento, trabajan cotidianamente para desestabilizar las certezas de lo inevitable, del cinismo paralizante, en aras de ampliar las fronteras de lo pensable, de lo decible, de lo que es dado hacer y transformar. Multiplicar y potenciar esas capacidades y esas vinculaciones para la construcción de un poder que despliegue una imaginación instituyente, que potencie nuestro sur con otros sures apuntalando las construcciones cotidianas e institucionales de mayor igualdad, democracia sustantiva y justicia social.”